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All About EVE: Juan del Alma

All About EVE

lunes, julio 25, 2005

Juan del Alma


En la foto: Juan José Arreola y Juan Rulfo
Por: Eve Gil
¿Por qué dejó Rulfo de escribir? O... ¿realmente dejó de escribir? Suele decirse que el jalisciense sólo produjo dos obras maestras. ¿Cuántos autores con más de cincuenta libros publicados pueden jactarse de haber generado una sola obra maestra? ¿Fue el alcoholismo? ¿El miedo? ¿Las musas extenuadas?... ¿Los murmullos?... ¿La muerte del tío Celerino?Un extraño en la tierra, biografía no autorizada de Juan Rulfo, de Juan Ascencio, es una genuina caja de Pandora: quien la abra no volverá a ver a Rulfo con los mismos ojos. Bastará toparse con la fotografía sin crédito de la portada y descubrir la insólita sonrisa socarrona que, a decir de Ascencio, reservaba Rulfo a sus amistades, para empezar a intuir la naturaleza oculta de Juan Nepomuceno. “Juan del Alma”, como lo llamaba su suegra. Correrá, sobretodo, a releerlo, y saldrá de las páginas de Pedro Páramo y El llano en llamas con la sensación de haberlos leído por vez primera. Para llegar a esto, sin embargo, deberá el lector enfrentar al Rulfo de carne y hueso; al burócrata, al “aviador”, al mitómano, al soberbio, al machista, al maniaco depresivo, al “devoto de la hipérbole”, en el que confluían, no obstante, las virtudes de sobra conocidas tales como la lealtad a prueba de balas para con sus amistades, su encanto para seducir a sus enemigos, como a Fernando Benítez, que terminó obsequiándole un departamento... como Juan José Arreola, que al final de sus días fue su más entrañable amigo; la entrega total para con sus hijos y, sobretodo, su empeño por llenar el hueco de una educación oficial interrumpida por el conflicto cristero —y la beatería de una abuela que no le permitió acceder a la educación socialista— con el autodidactismo. Ante el desvelamiento de algunos momentos embarazosos de la intimidad del escritor jalisciense, que me parece la parte cuestionable del libro, no puedo evitar estar de acuerdo con Federico Campbell: “lo que importa es la obra; porque el escritor es un visionario, hace contacto con lo que Jung llama el inconsciente colectivo, y los rusos, el alma.”Considero pertinente, por tanto, analizarlo desde dos perspectivas: una literaria y otra ética. Imposible no aplaudir la exhaustiva labor de investigación —Ascencio no se limitó, de ninguna manera, a verter las vivencias inmediatas que le facilitó su íntima amistad con el biografiado—; la meticulosidad con que el autor contrasta evidencias, hilvana los recuerdos de diversas voces y hurga en nostalgias remotas. Desde el punto de vista literario, Un extraño en la tierra es una biografía digna de Juan Rulfo. Esto, y el hecho de que aporta nuevos elementos para mejor comprender la obra rulfiana, hacen de este un libro digno de leerse.Rulfo se inspiró en familiares y personas muy próximas para poblar su novela y sus cuentos e, insólitamente, parece haberlos dotado de una longevidad fuera de serie ya que Ascencio recogió testimonios de varios de ellos, algunos en verdad conmovedores como el de Mariano Michel, que fue trabajador del padre de Rulfo y conoció a este de niño. Al reproducir textualmente las palabras, la voz de Michel, Ascencio nos revela la fuente de la que Rulfo extrajo su peculiar lenguaje; el lenguaje de Comala: “La pistola se pudrió con todo y balas. Cada bala tiene su destino”. Casi como si Ascencio reconstruyera la historia de Rulfo a través de las voces de sus propios personajes, o quitemos el “casi”, porque Rulfo es virtualmente narrado por los mismos a quienes él narró. El propio Rulfo, sin embargo, aporta también esa peculiar voz suya para narrarse. Para la gente de mi pueblo no existe la literatura. No saben que la realidad es algo muy pequeño, muy limitado. (p. 254) Rulfo, al que se le atribuyen cientos de influencias (negó rotundamente estar influido por Faulkner, con el que más insistentemente se le emparentaba) en tono cuestionador, casi acusatorio — ¿Hay algo más absurdo que echarle en cara sus lecturas a un escritor?— no hizo sino verter su propia voz en aquel cuaderno escolar, sin proponerse imitar a nadie.Camilo José Cela y Octavio Paz, nada menos, figuran entre los enemigos de Rulfo. El primero en razón de la más vulgar y podrida envidia (enfermedad que, sabemos, corroía el alma del Nóbel español). El segundo, porque no concebía que el jalisciense no opinara como él. En Rulfo encontró Paz uno de sus más acérrimos contradictores estéticos e ideológicos, al grado de llegar casi a los puños. Los escritores que quieren becas de la Guggenheim vienen conmigo a que les firme cartas de recomendación. No sirven de nada. Esas se las dan a los que indica Octavio Paz. Por eso dicen que en México la literatura descansa en Paz. El caso de Ricardo Garibay, compañero de generación de Rulfo en el Centro Mexicano de Escritores entre 1953 y 1954, es realmente conmovedor. El iracundo narrador se expresa bastante mal de Rulfo. Sin embargo relata con extraordinaria belleza el momento en que presenció el milagro: “Era espléndido. Xirau gritaba: “¡Mírame la piel! ¡Estoy erizado! ¡Tengo calosfríos!” Me sentí invadido de algo como euforia, como alegría. El capítulo era hermosísimo. Y lo dije. Y no sentía envidia” (p. 189). Se refería, por supuesto, al nacimiento de Pedro Páramo.Vayamos ahora a la parte oscura del asunto. De entrada tropezará el lector con tal maremagno de datos contradictorios, que deberá esforzarse por seguir adelante hasta adentrarse en el verdadero principio del libro. Me pregunto: ¿Tiene alguna relevancia dejar perfectamente asentada la fecha de nacimiento del biografiado, cuando esta suele variar por apenas un año? ¿Es crucial para nosotros, lectores, asegurarnos de que nació en 1917 y no en 1918? Como bien asienta el biógrafo, Rulfo entretejió un mito en torno a su origen, acaso sin proponérselo: le avergonzaba reconocer que había nacido en Sayula, región jalisciense a la que inexplicablemente se le endilga la fama de ser territorio de homosexuales. No creo, sin embargo, que sea por homofobia que Rulfo a cambalacheó su natal Sayula por Zapotlán, sino por su vivencia directa y traumática de los brutales castigos aplicados a los hombres de “sospechosas tendencias”. Ascencio emplea dos capítulos, alrededor de 40 páginas, en evidenciar las inocuas mentirijillas del escritor. Si bien no deja de tener cierto interés documental constatar las indiscriminadas variaciones de los papeles oficiales de Rulfo —fechas alteradas, omisión e inclusión del “Rulfo”, ortografía mutante del apellido materno, “Vízcaino”— ¿Por qué no suponer que al reinventar sus datos, el autor de Pedro Páramo simplemente se apropiaba de su vida, convirtiéndola en un cuaderno más sobre el cual escribir historias? ¿Por qué suponer necesariamente que Rulfo pretendió dejar de ser un Juan N. del montón? Hay una frase que se repite a lo largo de todo el libro, y que parece haber sido la premisa de Rulfo: “Mentira es lo contrario de falsedad” —y añade: —“Mentira es una novela, un relato y un paisaje que se descubren nítidos, tangibles, a través de las palabras” (p. 257). Y aunque no lo diga, se sobreentiende que falsedad es lo contrario de mentira: es lo que no puede aspirar a ser verdadero.Aunque Ascencio ha manifestado que nunca fue su intención hacer la biografía de San Juan Rulfo, considero que se excedió al exponer intimidades que seguramente lastimarán a la viuda del escritor, Clara Aparicio, la destinataria de las preciosas cartas de Aire de las colinas. Independientemente de los sentimientos en juego, el relato de los amores de Rulfo —que sin llegar a ser infidelidades en todo el rigor del término, revelan realidades mucho más dolorosas para la mujer que lo amó —no ayuda al entendimiento de su obra por tratarse de vivencias muy posteriores a esta, y que por consiguiente pudieron haber permanecido calladas. Ascencio sucumbió por desgracia a la tentación de ser indiscreto, y a Rulfo es narrado en su ingenuidad amorosa, más que en sus debilidades carnales: La fama es como esas nublazones que no lo dejan a uno subir una montaña. No se ve nada en ninguna dirección; ni arriba ni abajo.

2 Comments:

  • Hola Eve Gil, soy José Guadalupe Isabeles Martínez, acabo de toparme en internet con este artículo, soy sayulense aunqu eno nací aquí, nací en Zapotiltic, pero aquí me crié, por eso le tengo especil cariño a Sayula. Con motivo de un anoversario de su natalicio, se organizarn algunos eventos culturales, hoy sábado es el cierre, y daremos una especie de dicurso entre dos personas, representando algo así cmo teatro experimental, y necesitaba saber algo más de Rulfo, como esto de que se avergonzaba de Sayula, en fin... interesante, a la brevedad leeré la biogafía... saludos... espero me contactes... bai y gracias!

    By Blogger joseisabeles, at 7:40 a. m.  

  • ah por cierto, mi blog es: http://isabelesjoshua.blogspot.com

    By Blogger joseisabeles, at 7:40 a. m.  

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