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All About EVE: Libros de mi buró

All About EVE

martes, septiembre 06, 2005

Libros de mi buró


Orgullosamente me declaro alumna de Rafael Ramírez Heredia. Lo conozco desde 1992, año en que empezó a trasladarse hasta Hermosillo para impartir un taller literario mensual en el que se ganó el corazón de todos sus alumnos a pesar de ser un maestro sumamente estricto y pasional. A él y a Ignacio Trejo Fuentes, quien fuera mi tutor durante mi período como becaria de Jóvenes Creadores del FONCA (1995-96) les debo mucho de las herramientas de escritura de las que hoy dispongo. De Rafael, por ejemplo, aprendí que la mayor virtud de un escritor es la malicia. A continuación comento su nueva novela, a ritmo de bolero, El mestizo de Salgari.
Una de las voces más polifacéticas, más transgresoras en más de un sentido de las letras mexicanas, lo es sin duda la del tamaulipeco Rafael Ramírez Heredia (Tampico, 1942), recientemente distinguido con el Premio Dashiel Hammett por su novela La mara (Alfaguara, 2004) que recrea sin ningún tapujo el infierno que de allá para acá padecen quienes habitan la hasta ahora ignorada Frontera Sur, más cruenta que la Norte tan de moda entre nuestros escritores sensacionalistas. Tras sorprendernos con esta novela de brutal realismo, no exenta sin embargo de la cadencia tropical que caracteriza la prosa de Ramírez Heredia, embosca a sus lectores con una novela radicalmente distinta, titulada El mestizo de Salgari (Plaza & Janés, 2005).
Esta nueva novela de Ramírez Heredia presenta varios puntos de interés, tanto para sus seguidores como para quienes por primera vez se asomen a su literatura. El primero de ellos es que, cultivador del género policiaco en el que es un verdadero maestro, nos presenta su primera historia de amor —si bien Con M de Marilyn pudiera ser leída asimismo como una historia de amor—. El mestizo de Salgari es, sin embargo, una novela estrictamente amorosa más que erótica, cuyo eje es la pareja conformada por un cincuentón de nombre Pirro y una jovencita de nombre Alida. Hasta aquí, no estamos revelando nada que pueda sonar demasiado original. Pudiera tratarse incluso de la misma historia que se nos ha contado incontables ocasiones, desde Cervantes hasta Benedetti, sobre la pasión prohibida entre un hombre maduro y una muchacha que podría ser su hija, pero novelista de oficio como es R.H, entiende que nada nuevo hay bajo el sol, que el valor de una obra literaria no está en el qué sino en el cómo, y así, decía, nos presenta una historia de amor entre un cincuentón y una veinteañera, con la costa por marco, que de algún modo se relaciona con la de Romero y Teresita, personajes la serie Los horrores de las Filipinas, del enigmático Emilio Salgari, autor que obsesiona a Pirro, quien a su vez transmite dicha pasión a la chica, más entusiasmada por la literatura de Madagascar y la música chúntaro still.
La novela, sin embargo, dista de ser rosa, antes bien, se trata de un amor bastante bizarro en el que, curiosamente, es la joven quien parece marcar la pauta. Una joven, hay que decirlo, de buena cuna, que por razones inexplicables hasta para ella misma termina haciéndole una felación a un todavía desconocido Pirro y que, oh sorpresa, resulta ser un respetable ingeniero que llega hasta ese rincón del Caribe a formalizar tratos de negocios con el padre de Alida. Pudiera decirse que fuera de estos detalles, y de la acotación de que Pirro, por supuesto, es un señor casado (y casado en segundas nupcias, además), nunca terminaremos de conocer a los personajes. Naturalmente, tratándose de una pluma con el oficio de la de Ramírez Heredia no podemos atribuirle este detalle a un error de estilo, antes bien, el que la pareja protagónica se nos manifieste desdibujadamente, remite al irrefutable hecho de que ni ellos mismos saben quiénes son ni qué es lo que quieren, lo que está muy bien tratándose de la chiquilla, pero no de Pirro, quien virtualmente se vuelve arcilla en los dedos de su amante, quien prefiere el término amadora pues “amante le suena a películas de los años cincuenta con rubias de cabello largo, viviendo a escondidas en casas situadas en los suburbios de las ciudades, lejos del bullir del downtown, en barrios diferentes donde en realidad vive el hombre que paga el alquiler de esa casa en las afueras.” (p. 114).
Independientemente de que la historia no sorprende en tanto historia (el desenlace, incluso, es demasiado previsible), sí sorprende en tanto forma. Como bien dice Alida, en estos tiempos de liberación sexual, el término amante, aplicado a una mujer que fornica con un hombre casado, remite a tragedias piobarrojianas. Así pues, uno de los enormes aciertos de esta novela es ahorrarnos los elementos lacrimógenos y centrarse en la calentura. Nos presenta, para empezar, a una joven mujer de nuestro tiempo que no avanza hacia el lecho profano con aires de oveja rumbo al matadero, porque Alida, cual heroína de Juan García Ponce aunque ligeramente menos perfecta (es caderona y tiene estrías), sabe perfectamente lo que hace, lo cual no impide que caiga en la trampa de creer que está enamorada. Es precisamente la forma en que resuelve ese supuesto enamoramiento lo que desvía la historia de lo tradicional. Es cuando evoluciona esta relación, que empieza siendo casual y termina siendo obsesiva, que Alida empieza a sentirse burlada a destiempo lo que la lleva a convertirse en la humilladora de su amante, lo cual la salva milagrosamente del lugar común. Liberal y todo, Alida pertenece a una sociedad harto conservadora que le exige ser hipócrita, que no casta, y en ese sentido Ramírez Heredia nos brinda una visión sumamente realista de cómo se manejan las cuestiones morales en la provincia mexicana.
Sin embargo, insisto, lo más destacable de El mestizo de Salgari es el cómo, la forma en que está narrada, con la pericia característica de Ramírez Heredia que trenza magistralmente la violencia del lenguaje sexual con la explicitud del lenguaje amoroso. A ello, aunémosle la estructuración del texto que implícitamente rechaza las formas convencionales y narra la historia de Alida y Pirro siguiendo los vaivenes de sus pensamientos, sus recuerdos y sus deseos.
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