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All About EVE: La ciencia poética de Ada Byron

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domingo, agosto 27, 2006

La ciencia poética de Ada Byron

Texto publicado en el número de agosto de la revista Replicante
Por: Eve Gil
Bill Gates no sería hoy el hombre más rico del mundo si no fuera gracias a una señora. Para ser más exactos, una señora que a mediados del siglo XIX se preguntó si sería posible perfeccionar la calculadora inventada por el científico protoinformático Charles Babbage, introduciéndole funciones que auxiliaran en la composición musical y la producción de gráficos. Empezó traduciendo un artículo del matemático italiano L.F Menabrea donde se describía y analizaba la máquina de cálculo. Terminó incluyendo demostraciones de cómo calcular funciones trigonométricas que contuvieran variables, así como las instrucciones del primer programa que haría funcionar la máquina. No lo sabía, pero estaba a punto de convertirse en la primera programadora de computadoras. Usaba su nombre de casada, Lovelace, pero esta mujer de treinta y pocos años cargaba a cuestas un apellido demasiado notorio para ser ignorado: se llamaba Ada Byron.
Y si bien se asegura que su tumba es ahora más frecuentada que la de su padre, los historiadores de la tecnología se han encargado de minimizar, cuando no de obviar, su injerencia en el desarrollo de la cibernética, aún cuando en 1979 el Departamento de Defensa de los Estados Unidos se basó en el lenguaje de programación diseñado por ella en 1843 para crear el primer programa informático moderno; un lenguaje de multitareas que puede ser compilado por lenguajes separados y en 1980 sería patentado, en su honor, con el nombre de ADA. Y aunque haya partido de la idea de Babbage, Ada terminó obteniendo un producto absolutamente original al que nombró “máquina analítica”, que no llegó a construirse en su momento pero tuvo el buen tino de registrar bajo las iniciales AAL, temerosa de que se supiera que su inventor era una mujer. El futuro de la humanidad quedaba encerrado en el sueño de una mujer.
A pesar de que Ada no destacó fuera de su círculo social -donde brilló no precisamente por su talento científico sino por ser hija de Lord Byron-, y de que su existencia estuvo marcada por la nostalgia por el padre y una serie de quebrantos de salud que la llevarían prematuramente a la tumba, oh ironía, a la misma edad que Byron (36 años), puede decirse que fue afortunada. Su madre, lady Anabelle Milbanke, única mujer legítima de Byron, castigó las infidelidades de su célebre marido de la forma más cruel que pudo ocurrírsele: separándolo para siempre de su única hija, a la que ni siquiera llegó a conocer. Para llenar el hueco de la hija a la que siempre echó de menos y a quien le escribió sus más hermosos poemas, Byron adoptó a Allegra, la niña que procreó durante su aventurilla con Clare Claremont, hermanastra de Mary Shelley, autora de Frankenstein, la cual moriría ahogada a los nueve años. Esta fatalidad no haría sino incrementar el dolor que le producía la ausencia de la hija a la que no conocía, y por la que despilfarró una verdadera fortuna en abogados que nunca pudieron concederle la alegría de besarla. Apenas les fue posible intercambiar algunas cartas. Decepcionado, Byron permaneció alejado de la Gran Bretaña y moriría en Grecia, como parte del ejército griego contra los turcos, en 1862.
Nacida el 10 de diciembre de 1815, en pleno auge de las batallas napoleónicas, Ada Augusta Byron nunca logró convencer a su madre de que le permitiera conocer a su padre, a quien Anabelle describía como un verdadero monstruo de depravación, sin que por ello cejara la pequeña Ada de su empeño. A favor de lady Anabella hay que señalar que nunca puso reparos en que su hija se enfrascara en el estudio de las matemáticas, descuidando aspectos más propios de la educación de una dama. Los biógrafos de Ada consideran que la razón por la que Anabella alentó el interés científico de su hija, fue porque pensó que las formulas y los números la mantendrían alejada de la poesía, cuyo cultivo, temía, pudiera desencadenar en ella las mismas bajas pasiones que en su padre. No obstante, Ada llamaba a lo suyo “ciencia poética”. No se le escatimarán tampoco otras prácticas “poco femeninas” como la gimnasia y la equitación.
Naturalmente, Ada empezó a frecuentar los círculos científicos desde muy jovencita. Ahí conocería a quien sería su mentora, la astrónoma y también matemática Mary Sommerville, junto a la que tradujo, a la edad de 17, unos textos de La Place que serían utilizados más tarde en Cambridge, aunque el interés de Ada rebasaría pronto el campo de las matemáticas para involucrarse en la aplicación de estas a la tecnología. Por conducto de Mary, casada por cierto con un hombre que detestaba a las sabihondas, el capitán Samuel Greig, conocería Ada al que sería su futuro esposo, William King, octavo barón de King y conde de Lovelace, del que, dicen las malas lenguas, se enamoró por lo mucho que le recordó a los retratos de su padre, pues William distaba de ser tan inteligente como ella. Por fortuna para Ada, él no sólo no se sintió acomplejado por su superioridad intelectual sino que impulsó sus estudios matemáticos, amén de permanecer fielmente a su lado cuando se presentan las inesperadas complicaciones de un sarampión contraído durante la infancia y que estuvo a punto de dejarla inválida, aunque terminara convirtiéndose en una espléndida amazona. Enferma y todo, Ada le da a William tres hermosos hijos.
La condesa de Lovelace estuvo muy cerca de Charles Babbage durante su creación del motor. calculador. Este imaginaba una máquina dotada de memoria, una perforadora de tarjetas y una impresora, pero adolecía de dos puntos débiles: la mecánica y las tarjetas perforadas. Ada corrigió los errores más graves del proyecto y Babbage no solo la escuchó atentamente cuando hizo algunas sugerencias que presagiaban el que sería su invento personal, sino que incluyó todas las observaciones de su aprendiz, con el respectivo crédito, en el resumen que se publicaría en una revista científica francesa. La cara poco amable de la entrañable amistad entre Ada y su mentor, es que este la introdujo en la afición por las carreras de caballos donde ella terminó jugándose la fortuna familiar. Además de Babbage, Ada se granjeó la confianza y la amistad de otros personajes célebres como sir David Brewster, inventor del calidoscopio; Michael Faraday, inventor del motor eléctrino, el generador y el dinamo, y el novelista Charles Dickens. De este último se dice, fue el último en verla con vida cuando convalecía de cáncer uterino.
Muerta el 27 de noviembre de 1852, Ada será sepultada al lado de su padre, por petición propia, en Nottinghamshire, sin obtener nunca el menor reconocimiento por su contribución a la ciencia. En 1890, el estadounidense Herman Hollerith utiliza la primera tarjeta para tabular la información del censo de Estados Unidos. En 1931, Vannevar Bush construye la primera computadora análoga de la era moderna. La intervención Alan M Turing, en 1937, y de John von Neumann, en 1946, fue decisiva para desarrollar la moderna computadora electrónica digital. Pero nada de eso hubiera sido posible sin la idea original de lady Ada Lovelace.

1 Comments:

  • Ya amo a esa mujer... very interesting... Saludos desde el rincón de siempre... nacho m.

    By Blogger nacho, at 10:58 p. m.  

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