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All About EVE: "La Genara" de Rosina Conde, exhibe problemáticas que no han sido resueltas

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martes, septiembre 19, 2006

"La Genara" de Rosina Conde, exhibe problemáticas que no han sido resueltas

Por: José Vilchis
*** Francesca Gargallo, autora del prólogo de la nueva edición

Genara, nacida en Tijuana, donde ha pasado la mayor parte de su vida, descubrió la infidelidad de su esposo y no está dispuesta a perdonarlo pese a que aquellos que componen su círculo social y familiar (sus padres, sobre todo) la exhortan a perdonar al infiel y actuar correctamente. Recurre a Luisa, su hermana mayor, en busca de consejo. Siempre la ha visto con admiración por haberle exigido el divorcio a Martín, para luego marcharse a la Ciudad de México a cursar una maestría.

En la trama de la novela La Genara, de Rosina Conde, (Conaculta/Cecut, 1998) este personaje central se ve en la encrucijada de elegir entre su dignidad como mujer o quedar bien con la sociedad tijuanense, lo que da origen al intercambio epistolar a través del cual se desmenuzan los subtramas que tocan los temas de la violencia conyugal, el narcotráfico, el sexo, la cultura, la anorexia, que son abordados con seriedad con un tono que sugiere ligereza.

Eve Gil, al presentar la obra en su segunda edición, refiere que Rosina Conde es el único espejo que refleja la muchas veces dolorosa realidad de las mujeres de aquellos lares, donde a veces pareciera que los únicos destinos posibles para una mujer pobre, son los reinados de belleza o la confinación a una maquiladora.

Reveló que Francesca Gargallo, autora del prólogo de la nueva edición, compartió con ella el más reciente y venturoso hallazgo literario, del que expresó literalmente: “Es lo mejor de autoría femenina que he leído en mucho tiempo”.

“No tenía por qué dudar de la lucidez de una escritora tan enamorada del lenguaje como Francesca... No podía menos que estar de acuerdo con ella pues, por lo que a mí respectaba, también era de lo mejor que había leído en mucho tiempo, ya no digamos de autoría femenina, sino de autoría mexicana.

“Definir por qué la lectura de La Genara me cautivó podría tener que ver, lo reconozco, con el hecho de que me reconocí de inmediato en sus personajes y en su problemática, así como en su lenguaje, en sus deseos y en su concepción del mundo, porque soy una mujer de la frontera norte que un buen día descubrió que si no salía pronto de ahí, el tedio petrificaría mi alma, que es exactamente lo que impulsa a la heroína, que da nombre a la novela, a abandonar su Tijuana natal”.

Sin embargo, comentó que Francesca, cuyo caso podría no ser el mismo de Genara, pero sí muy cercano (“las mujeres, a fin de cuentas, somos una especie de exiliadas en la sociedad patriarcal”), se identificaba también con las situaciones aquí expuestas.

“Concluyo que cualquier mujer de nuestro tiempo puede sentirse fuertemente identificada tanto con Genara como con Luisa, su hermana menor, con quien establece una nutrida correspondencia. Genara o La Genara, como diríamos en el norte (y procuramos no decir en el sur donde se considera insultante anteponer el artículo la o el al nombre propio), es una mujer divorciada a sus 35 años que considera que la mejor manera de escapar de sus problemas conyugales, familiares y sociales (porque familia y sociedad se empeñan en asumirse juez y parte de una decisión que sólo a ella le compete), es retirarse a la Ciudad de México a cursar una maestría”.

Nacida en Mexicali, B. C, en febrero de 1954, Rosina ha construido una sólida obra literaria que se presta a cualquier tipo de análisis, literario, histórico o sociológico. Autores como Daniel Sada, Luis Humberto Crosthwaite, David Toscana o Federico Campbell, han recobrado en forma admirable los paisajes, las atmósferas, esa belleza violenta del desierto y los rasgos de esa particular forma de humanidad que caracteriza al hombre fronterizo.

En su novela La Genara Rosina echa mano de un recurso escasamente socorrido en la literatura de fin de siglo: el intercambio epistolar, si bien la autora va mucho más allá al mezclar diversos remitentes y destinatarios (Genara, Luisa, Francisca, Fidel, Eduardo y un anónimo) y alternar los medios: la carta tradicional, el e-mail y el telegrama.

“En realidad la literatura epistolar no es novedosa, es tan antigua como el correo mismo. Lo que sí fue novedoso fue hacer una novela epistolar cuando la sociedad estaba haciendo a un lado la correspondencia personal, ya que, debido al avance tecnológico, resultaba más inmediato y cómodo hablar por teléfono, independientemente de su costo.

“Con la irrupción de la internet, la sociedad, principalmente los jóvenes, recuperó la epístola, y lo novedoso de mi novela es que aprovecha todos los medios de la epístola actual para expresarse. Los personajes de La Genara se comunican por fax, correo electrónico, mensajería, telégrafos y correo tradicional”.

Rosina cuenta que el abandono por parte de la pareja, cuando el hombre argumenta el tiempo que dedica al trabajo, es de lo que se queja la mayoría de las mujeres. Respecto a recuperar a la pareja tradicional, aunque haya engaños de por medio que luego se perdonan entre sí, expresó que todas tienen sus pactos.

“El problema es cuando esos pactos no se respetan, o cuando una parte le exige a la otra fidelidad, sin ser fiel. Creo que ese es un problema de cada pareja y que es a la pareja a quien le toca resolverlo”.

¿Hay una salida a esta problemática?

Por supuesto, responde, sólo es cuestión de que una se lo proponga, ya que esa es una decisión personal a la que nadie nos puede obligar.

“En cuanto a que los hijos necesitan la presencia de un padre, eso no es cierto. Soy madre soltera, y ninguno de mis dos hijos tuvieron necesidad del padre, aun cuando lo conocen y lo ven de vez en cuando (y no porque yo me negara a que lo vieran, sino porque a él no le interesó estar presente). Muchas veces el padre está en teoría, pero igual nunca está presente, porque así como tiene a la mujer en el abandono, con más razón a los hijos.

“Creo que es mejor vivir con la madre (o con el padre), y ver al padre cuando sea conveniente, y no vivir en una familia supuestamente completa, que probablemente sea más disfuncional que la familia con una mujer sola a la cabeza (todo depende de lo que se entienda por soledad)”.




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